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Siguiendo hacia el norte por el interior se encuentra Forallac, formado por un conjunto de pueblos con cascos medievales, entre los que destaca Peratallada. Este pueblo presenta la estampa medieval típica con sus callejuelas de piedra irregulares dentro de un recinto amurallado y coronado por la torre maestra del castillo. El recorrido cultural sigue en la capital de la comarca y de la cerámica. En La Bisbal D’Empordà destaca esta producción artesana como muestran las tiendas que pueblan el Carrer de l’Aigüeta, las fábricas de cerámica y el Museo Terracota. De vuelta a la acantilada y salvaje costa, se llega a Begur, donde habrá que visitar el Castillo y la colonial Casa de los Americanos. Tampoco conviene perderse sus caminos de ronda y calas entre acantilados como Sa Riera, Sa Tuna y Aiguablava. Cercano se encuentra el pueblo gótico de Pals, que se alza en lo alto de una colina conservando el trazado medieval. Su interés monumental está justificado en sus callejones, torres y otros edificios. El itinerario lleva por fin a la señorial Torroella de Montgrí, en su extremo norte, con joyas monumentales como La Torre de Bruixes, El Castillo, el portal de Santa Ceterina o el Mirador. Cerca se encuentra uno de los más hermosos rincones de la Costa Brava. Es la torre-masía de L’estartit, que desafía la fuerza del mar desde un acantilado. La localidad también recibe al visitante con el parque natural de las Islas Medes, integrado por dos pequeñas islas y por un conjunto de pequeños islotes y escollos. Su parte sumergida ha generado complejos ecosistemas que hacen de ella todo un reclamo para submarinistas.
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