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Los festejos del Pilar representan una ocasión única para disfrutar de la belleza solemne de los actos religiosos más populares. El 12 de octubre es el día de la santa patrona, festividad que los maños esperan cada año con gran devoción. La jornada comienza con la solemne misa de Infantes, acto religioso que se celebra de madrugada en el altar mayor de la basílica del Pilar. A las doce del día doce tiene lugar el acto más popular, cuya inusual belleza ha recorrido todos los confines del mundo. Se trata de la ofrenda floral, en la que miles de personas ataviadas con el traje regional aragonés portan ramos o centros de flores hasta las puertas del Pilar. Tampoco faltan los visitantes que se acercan a la virgen con ropajes típicos de otras regiones o incluso de otros países. La procesión culmina en la Plaza de las Catedrales, donde la virgen espera pacientemente sobre una estructura metálica a que un batallón de voluntarios vayan tejiendo con flores su manto. Es tal la devoción que despierta el acto que las lágrimas afloran de los ojos de los fieles, cuya procesión hasta la figura de la virgen se prolonga durante más de ocho horas. En el año 2005, fueron 378 grupos los inscritos para participar en el conmovedor evento, cifra que aumenta día tras día. La tradición de la ofrenda foral se remonta al año 1952, cuando una delegación del gobierno consistorio zaragozano viajó hasta Castellón de la Plana para observar una celebración similar, idea que importaron a la capital aragonesa. Sin embargo, no fue hasta 1958 cuando el manto de la virgen fue vestido por primera vez en Zaragoza. No hubo de pasar mucho tiempo hasta que la fiesta superó en magnitud de manera colosal a su predecesora.
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