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Aunque conocido generalmente como Lagos de Covadonga, este conjunto lagunar se encuentra a 10 kilómetros de distancia de la localidad de dicho nombre, por lo que se antoja más apropiado el topónimo de Lagos de Enol. Bajo esta nomenclatura se agrupan el propio lago Enol y el lago Ercina, ambos en la parte asturiana de los Picos de Europa. El acceso mismo a los lagos es toda una experiencia. Desde el monasterio hay que tomar una carretera de 12 sinuosos kilómetros que nos lleva hasta este otro santuario acuático. El descubrimiento de esta belleza natural se da de manera progresiva según el viajero se adentra en la ruta. A mitad de camino merece la pena un alto en el Mirador de la Reina, que ofrece una panorámica como adelanto del indiscutible atractivo que aguarda. Ambas masas de agua están separadas por la loma de la Picota y rodeadas de sinuosos parajes montañosos y campos de un verdor que rezuma vida. El reflejo de las cumbres en las aguas serenas ya vale la visita por sí mismo, ofreciendo al visitante la sensación de encontrarse en un reino de mágica belleza. El esplendor de este entorno está garantizado bien con las explosiones de color de primavera y otoño, con las agradables temperaturas veraniegas o con la inmensa blancura de las nieves invernales. Primero se llega al lago Enol, a 1.070 metros de altura y con más de 12 hectáreas de superficie, rodeado de praderas donde pastan vacas, caballos y ovejas, ajenas al turismo. Una vez recreado con tan bucólica estampa, hay que continuar el ascenso hasta los 1.108 metros de altitud en que se encuentra el Ercina. Sus aguas resultan más peculiares por sus variaciones cromáticas. La vegetación acuática y los cambios de iluminación hacen oscilar el tono del lago del verde claro al oscuro, incluso jugando a veces con matices amarillentos o rojizos. |