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Monasterio de Piedra
En las proximidades de Calatayud se encuentra un santuario de agua y roca en torno a un convento cisterciense
En el término municipal de Nuévalos se alza el Monasterio de Piedra, uno de los enclaves aragoneses que más visitas recibe, sólo superado en Zaragoza por la Basílica del Pilar. Esta abadía cisterciense se encuentra a escasa distancia de la ciudad de Calatayud, en una comarca que también destaca por su clima desértico, su riqueza en edificios mudéjares y el parque natural que rodea a la abadía.
Historia

El Monasterio de Piedra se encuentra debe su creación a la donación en 1194 de un antiguo castillo árabe de Piedra Vieja por Alonso II el Casto a la Orden del Cister para consolidar la fe cristiana. Se tarda 23 años en su construcción, años de transición del románico al gótico, que se plasma en una arquitectura sobria y luminosa. Fue habitado por monjes casi 700 años desde 1195 a 1835, teniendo que abandonarlo en tres ocasiones que coinciden con la guerra de la Independencia y la ocupación francesa (1808), el trienio liberal (1820-1823) y la definitiva, con la desamortización de Mendizábal (1835).

En 1840, Pablo Muntadas Campeny compra el monasterio, manteniendo la actividad agrícola y ganadera que generaron los monjes. Su hijo, Juan Federico Muntadas será el encargado de dar forma al parque abriendo rutas, habilitando grutas al paseo y efectuando plantaciones. En 1867 creó el primer centro de Piscicultura de España, repoblando especies como la trucha común y el cangrejo ibérico. Como resultado de todas estas actividades el entorno del monasterio es un oasis natural que en 1940 fue declarado Paraje Pintoresco Nacional. Décadas después, en 1983, el Monasterio fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional.

Arte plano

Este cenobio cisterciense se construyó en tres etapas: la gótica primitiva (s.XIII); la gótica renacentista (s.XVI) y la clásica-barroca (s. XVIII). Sus distribución es similar a la de otros conventos de la misma orden, con la iglesia y el claustro al norte, las bodegas y cilleros al oeste, la cocina y comedor al sur y la sala capitular al este. Una distribución pensada para aprovechar al máximo la luz solar.

En cuanto al arte arquitectónico del monasterio, expresa la espiritualidad de la orden, que pretende librarse de todo lo superfluo para la vida monacal, descartando cualquier fastuosidad o símbolo de poder, así como imágenes, esculturas o pinturas que pudieran distraer a los monjes de sus labores. Se opta por la piedra lisa y desnuda, las lineas rectas y las superficies planas. Sin embargo destacan estancias como la hermosa sala capitular de principios del S.XII, que era centro neurálgico de la vida monástica

En la actualidad el monasterio ha sido reconvertido en hotel con unas condiciones mucho más confortables de las que disfrutaban los monjes, pero conserva su paz ambiental. Por ello, sus obras de arte se hallan repartidas entre los templos de los pueblos que rodean el monasterio. 

Museo del vino

En la cilla o bodega del templo se encuentra el Museo del Vino, cuna de la D.O. Calatayud. Se compone de dos amplias estancias sustentadas por arcos fajones apuntados, un rasgo característico de las primeras construcciones de la orden. La primera planta propone un acercamiento a la agricultura en la sala de prensado. Se conserva la nevera dónde prensaban paja y nieve para mantener un clima fresco, así como aperos de labranza y otros utensilios. 

En sus salas se explica el proceso tradicional de elaboración del vino y el empleado en la actualidad, así como la importancia del vino en la cultura y la economía monacal. La segunda planta alberga el almacén que en el siglo XV se comenzó a usar para el proceso de fermentación y conservación del vino. Por este motivo dos respiraderos en los flancos de la sala servían de escape para el monóxido de carbono que expulsa el vino en su fermentación. Otra sala de esta planta explica distintos aspectos sobre la elaboración de vinos en la comarca de Calatayud.

Entorno y parque natural

El municipio de Nuévalos atesora una sorprendente belleza natural presentada por el río Piedra y el embalse de La Tranquera. Los cortes calcáreos del río y la vegetación de su cauce conforman un marco incomparable para la observación de aves. Lo mismo sucede en el embalse, idóneo para practicar deportes náuticos así como tranquilas zonas de pesca. El entorno del monasterio está marcado pues por los saltos de agua y los senderos señalizados al detalle, con flechas rojas y azules indicando ambos sentidos de las rutas, unos 5 kilómetros de innegable interés natural. Un oasis entre calizas.

Las rocas que constituyen el paisaje circundante se formaron en el fondo del mar. Las fuerzas de orogenia alpina sacaron estas formaciones a la superficie donde han sido modeladas por la erosión. Este espectáculo pétreo está determinado por la karstificación, o disolución de las calizas y posterior precipitación de las mismas, un proceso muy ligado con el nombre del entorno. Sin embargo tan rocoso paisaje se cubre de mantos de vegetación que recoge especies como el almez, fresno, chopo, saúco, castaño de indias, tejo o higuera.

Entre su fauna destaca la trucha común, la tenca y el cangrejo ibérico. Pero las aves son el mayor tesoro faunístico del parque, donde habitan de forma permanente o estacional. No será difícil para el visitante avezado toparse con Oropéndola, Verderón, Ruiseñor , Carricero Común, Mirlo o Lavandera Blanca. Entre las aves acuáticas destacan especies como el Martín Pescador, la Garza Real, el Mirlo Acuático, patos buceadores, como el Porrón Común, nadadores como el Anade Real o la Cerceta Común.

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