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Nada más entrar en el recinto amurallado el viaje al pasado es palpable desde el empedrado de sus calles hasta los blasones de sus casas nobles. Una belleza granítica que cobra el mayor relieve en su porticada Plaza Mayor, una de las más espléndidas de Castilla y León. Cerca de la entrada, la Puerta de la Villa, se ubica la Cárcel de la Villa, que habla de la dureza del medievo en sus cepos de tortura o las lóbregas mazmorras, ya que hoy es un museo. Habrá que recorrer todos los rincones hasta llegar al otro extremo de este conjunto urbano medieval. Desde allí un castillo con huellas romanas, visigodas y árabes vigila todos sus dominios. Su primera construcción data del siglo XIII y su reedificación del XV. En 1926 fue adquirido por el pintor Ignacio Zuloaga, que asentó su estudio en el torreón, razón por la cual el actual museo alberga algunas de sus obras, entre ellas paisajes y retratos de las gentes del pueblo. Destacan también un “Cristo" del Greco, un retrato de "La Condesa de Baena" de Goya y algún bodegón flamenco del siglo XVII. Se vinculan al castillo hechos históricos como la prisión de los hijos del rey de Francisco I de Francia desde 1525 a 1529 así como otras leyendas de carácter más dudoso. Pero la historia de la localidad no se queda en sus piedras y en la época medieval. De aquí partieron varios conquistadores que fundaron ciudades homónimas en Venezuela (Pedraza y Pedraza y La Nueva). |