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El ambiente de pueblo de antaño y la naturaleza casi inalterable hacen de la provincia un paraíso del turismo rural
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Segovia es mucho más que su capital y su acueducto. Es una provincia en la que persiste el carácter rural, a la que desplazarse para disfrutar de unos días en comunión con la naturaleza, descubriendo sus pueblos, sus paisajes, su arte, sus gentes y su gastronomía. La red de turismo rural ha despertado en la provincia como en pocos lugares del país, lo que la dota de una amplia oferta de alojamientos para un turismo diferente.
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La Campiña Segoviana |
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Situada en el centro oeste de la provincia, el visitante encontrará en esta comarca pueblos para descansar. Abarca un territorio de más de 50 municipios entre llanuras y frondosos bosques de pinos y encinas. Es un territorio surcado de norte a sur por tres ríos -Voltoya, Eresma y Moros-, cuyas riberas llenas de vegetación son un refugio que llama al reposo. La altura de sus tierras permite también escrutar la planicie castellana y las sierras circundantes. Su estampa está marcada por la presencia de lagunas naturales como Laguna Rodrigo o Navas de Oro, donde recalan patos, cigüeñas y otras especies en su viaje hacia tierras más cálidas. En La Campiña, la tierra ofrece sus bienes al hombre. Su amplia extensión de pinares resineros se ve invadida de visitantes en otoño en busca de níscalos, mientras los amantes de la pesca pueden ejercer su deporte en ríos y charcas pobladas de tencas o acercarse al embalse de Juarros de Voltoya en busca de cangrejos. |
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Segovia Sur |
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Encajonada en el sudeste e integrada por 50 municipios, esta es una comarca dominada por la Sierra de Guadarrama. Es el lugar ideal para deleitar los sentidos a través de las rutas naturales y el senderismo en un paisaje de contrastes entre montaña y llanura. Una diversidad que va de los bloques montañosos de la sierra a los terrenos llanos de explotación agrícola, pasando por pastos y pequeñas poblaciones ganaderas. Entre sus imágenes, el visitante verá pastizales y matorrales en la cumbre, pinares y robledales en las laderas, montes de encina, valles, campiñas cerealísticas y vegas fluviales. Parajes naturales a destacar son el Río Viejo y Pirón, el Valle encajado de río Cega, el gran tajo del río Moros a su paso por Valdeprados o el Berrocal de Ortigosa del Monte, entre muchos otros. |
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Valles de Riaza y Duratón |
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De gran diversidad paisajística, la mayor belleza natural de esta comarca reside en los parques de las Hoces del río Duratón y las Hoces del río Riaza, de cuyas cuencas toma nombre. Estos espacios calizos albergan una gran reserva ornitológica, con especial presencia de buitre leonado. Los ríos nacen en la Sierra, al sur, con altitudes superiores de 2000 metros y predominio de robles y arbustos. Tras pasar por suaves lomas cerealísticas, desembocan en la Serrezuela, donde se encuentran las hoces. |
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Carácter popular |
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En los pueblos de Segovia es posible encontrarse desde grabados rupestres a vestigios de épocas romanas en puentes o calzadas como la de Coca y murallas como la de Bernardos. Igualmente se puede disfrutar de la arquitectura popular a través de las casas de cualquier poblado, desde el mudéjar ladrillado al uso de la pizarra o al románico imperante en iglesias y palacios medievales con elementos góticos o incluso barrocos. Sin olvidar calles, fachadas y plazas mayores que son la esencia del pueblo segoviano. Alojarse en establecimientos rurales es la mejor forma de conocer también fiestas patronales, procesiones, romerías, jotas segovianas, conciertos de órgano en las iglesias o encierros, actividades que forman parte de la cultura popular de estas aldeas segovianas. También la matanza es un proceso tradicional que aún hoy se practica y culmina en la artesanía de los embutidos de cerdo. No es la única producción artesanal, ya que se conservan oficios casi extinguidos, como los trabajos de forja artesanal y gremios como alfareros, ladrilleros, boteros o resineros. |
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Gastronomía |
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En cualquier rincón de tierras segovianas en que se caiga, el visitante tiene garantizado el placer del buen comer. Y es que la riqueza y abundancia de productos hace de la gastronomía segoviana una de las más conocidas. Restaurantes, posadas y casas rurales hacen gala de su plato por excelencia; el cochinillo o lechazo asado en horno de leña, tierno y jugoso. Las carnes reinan en la cocina de la provincia, destacando también las chuletillas de cordero, el asado de pollo de corral o los embutidos. No se pueden dejar de probar mieles y quesos de elaboración artesanal como los de Tolocirio, Armuña o Escalona del Prado. Setas variadas, especialmente los níscalos de otoño, judiones, garbanzos y hortalizas son otras de las viandas que la tierra proporciona y tras su paso por los fogones se transforman en deliciosos platos tradicionales. Combinaciones de menú que siempre hay que acompañar con caldos de la tierra, de Rueda, Valtiendas, Sacramenia, tintos y rosados jóvenes o de mayor reposo en barrica de roble. La repostería es otro placer, rica en pastas y dulces de calidad artesana cuyo origen suele estar en las fiestas patronales y otros acontecimientos. Desde las exquisiteces de cada pueblo hasta la bollería artesana, flanes, cuajadas, yogures, o requesones elaborados con leche de oveja, de suave textura y sabor. |
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