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Vía Verde del Tajuña: viejos molinos y huertas en el sureste de Madrid
La Comunidad de Madrid ha devuelto a la vida 47 kilómetros de recorrido del tren de Arganda, transformándolo en un excepcional paseo que ensalza la belleza natural del valle de Tajuña. Apto para ciclistas y viandantes, la vía verde del Tajuña, perfectamente acondicionada y señalizada, representa una excelente vía de escape de la gran ciudad a la que, paradójicamente, se puede acceder en el metro
Del tren de Arganda se decía que pitaba más que andaba. Sin embargo, su legendaria lentitud no representó obstáculo para que partes de su trazado se mantuvieran activas para el transporte de mercancías hasta el año 1998.
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El ferrocarril de Arganda pervivirá en la memoria popular como el tren que quiso llegar a Aragón y se quedó a medio camino. El proyecto original contemplaba  un trazado que desembocaba en tierras aragonesas, pero sus vías no llegaron a pasar de la estación de Alocén, apeadero que duerme hoy en día bajo las aguas del embalse de Entrepeñas. El ferrocarril, con una longitud de 143 kilómetros transportó pasajeros y mercancías, albergó ramales de conexión con Chinchón y Colmenar de la Oreja… pero no pudo competir con la velocidad de los coches. 

Los viajes de pasajeros cesaron en 1953 y sus locomotoras a duras penas podían arrastrar el peso de las mercancías, envíos cada vez más esporádicos y fundamentalmente de remolacha y frutas, por las deterioradas vías. Finalmente, sólo sobrevivió al desmantelamiento de las vías un tramo de 28 kilómetros que suministraba mercancías a una cementera. En invierno de 1998, el último vestigio del ferrocarril de Arganda cesó su actividad. 

Los trabajos de adecuación de parte del trazado del ferrocarril en vía verde culminaron en 1999, aunque recientemente se han ampliado conectando las localidades de Arganda del Rey y Morata de Tajuña. En total, la vía verde consta de 47 kilómetros en los que la naturaleza reina de nuevo en dominios perdidos antaño por las necesidades del progreso.

El día pertenece al santo. Misas mayores honrando a San Juan, fiestas populares, música, bailes y degustaciones culinarias se suceden durante la mañana y la tarde. La noche, se debe al rito ancestral, tan antiguo como la humanidad misma. Cuando los días eran cada vez más cortos,  se creía que el sol no recuperaría su pleno esplendor. Por esta razón, los antepasados rendían tributo al astro rey con el fuego, en torno al cual se celebraban ritos de toda índole para devolverle energía.

Paisaje accesible
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La reciente ampliación de la vía verde del Tajuña no sólo ha supuesto la inclusión de otras localidades en este paseo natural, sino que ha facilitado el acceso al mismo. Los paseantes que deseen huir del palpitante pulso de Madrid capital pueden acudir a este abrigo de la naturaleza a través de la línea 9 del metro. Además, el suburbano permite viajar en compañía de la bicicleta.

La vía verde no es en exceso exigente con la forma física de sus usuarios. Sin grandes desniveles, permite un agradable paseo por la vega ribereña. Su detallada señalización y el inconfundible firme de color rojo hacen de la vía verde una ruta cómoda, de fácil seguimiento. 

Belleza natural y lugares con encanto

Partiendo de la localidad de Morata de Tajuña, el visitante podrá disfrutar de una incomparable vista del valle del Tajuña retrocediendo sobre sus pasos, en dirección Madrid. En ascenso se encuentra la antiguo vía de acceso a la cantera de Cornicabra, donde se ha habilitado un área de recreativa. De nuevo en Morata de Tajuña, no pueden dejar de apreciarse el edificio decimonónico del Ayuntamiento, considerado uno de los más bonitos de la Comunidad de Madrid. También se puede visitar la Iglesia de la Concepción. El camino desembocará en Perales de Tajuña, con sus encantadoras casas caladas. A la sombra de adelfas y cerezos merece forzar un descanso en la isla fluvial de Taray, formada por la bifurcación del río Tajuña, bordeada de una ermita y antiguas empresas papeleras. 

La vía pasa a continuación por debajo del viaducto de la A3 para adentrarse en el corazón del valle de Tajuña, cuya vega está delimitada por farallones que albergan cuevas neolíticas. Chavarri, siguiente punto de ruta, conserva como un espectral vestigio su estación de tren. La localidad atesora una preciosa iglesia renacentista y el fastuoso palacio del Virrey. El siguiente pueblo en el mapa de la vía es Orusco de Tajuña. Su apeadero acoge en la actualidad un agradable mesón. Tras una opípara y merecida comida espera su ineludible visita Villa Castalla, un antiguo molino sede actual de un museo de alfombras y muebles de mimbre. La vía verde desemboca finalmente, tras un tramo en el que predominan los pequeños acantilados en Ambite, donde pondremos el punto y final a una reconfortante y plácida jornada. 

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